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(Los
museos en la revolución didáctica del aprendizaje por competencias. ¿Es posible una pedagogía de la integración en el
contexto museográfico chileno? )
El
contexto demandante de la sociedad del conocimiento y las profundas
transformaciones culturales, económicas, políticas y sociales que se han
experimentado en las últimas décadas, imponen a los ciudadanos el desafío
de actualizar sus conocimientos básicos y operativizar sistemáticamente
sus competencias en función de las nuevas necesidades que van surgiendo.
En este sentido, las personas deben poseer las herramientas necesarias
para saber diagnosticar cuándo sus conocimientos quedan obsoletos y qué
acciones son necesarias de realizar para renovarlos y acrecentar su
capital humano. El aprendizaje voluntario y continuo, autorregulado en
todas las etapas de la vida, se ha convertido en la clave para el
perfeccionamiento personal y profesional ajustado a las necesidades reales
de la sociedad del conocimiento. La competencia metacognitiva, la
capacidad para comprender y controlar el pensamiento propio, y los
procesos de aprendizaje son fundamentales en este proceso. Estas acciones
redundan en mantener la competitividad de las personas en el mercado
laboral, así como mantener su empleabilidad.
En
términos sumarios, hemos visto que los elementos que definen una
competencia desde los planteamientos del marco teórico de la OCDE son las
destrezas y los conocimientos. Sin embargo, hay que agregar un tercer
elemento fundamental que es el actitudinal. Convencionalmente se define
actitud como una conducta estable o manera de actuar representativa de un
sentimiento u opinión. En el contexto educativo, la dimensión
actitudinal está vinculado a competencias
personales como la motivación, creatividad, honradez,
escepticismo, entusiasmo, autoestima, confianza, responsabilidad,
iniciativa, la perseverancia y más. Un alto nivel de competencia social
es más integrador y hace referencia al desarrollo holístico del
individuo, ya que promueve competencias personales como la autoestima,
motivación, perseverancia y la iniciativa. Las competencias
sociales o interpersonales
no solo poseen un rol integrador a nivel personal, comunitario y nacional,
son fundamentales en la integración sistémica económica y
social. Poseen una gran significación en contextos multiculturales y
pluriétnicos como la Unión Europea, donde existen distintos niveles de
pertenencia (ámbito local, regional, nacional e internacional), y como
elementos fundantes para la identidad cultural (ciudadanía cultural).
En
el debate en torno al enfoque del aprendizaje por competencias los
criterios en materia educativa de diferentes gobiernos se han alineado en
torno a las definiciones políticas formuladas durante la década de los
noventa por la Unión Europea, la OCDE, y proyectos internacionales como
DeSeCo,
que han generado definiciones conceptuales de consenso que se presentan
como un espacio para el debate y la reflexión a nivel mundial. Así se
formula el concepto constructivista y funcional de Weinert,
quien define competencia como un "sistema más o menos especializado
de capacidad, competencias o destrezas que son necesarias o suficientes
para alcanzar un objetivo específico". La perspectiva más
integradora parece ser la formulada por el modelo de competencia del
estudio DeSeCo, definida como una capacidad holística, dinámica y
funcional, vinculante con las exigencias sociales y las capacidades del
individuos, es decir "la capacidad de responder a las demandas y
llevar a cabo tareas de forma adecuada. Surge de la combinación de
habilidades prácticas, conocimientos (incluyendo el conocimiento tácito),
motivación, valores éticos, actitudes, emociones y otros componentes
sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr
una acción eficaz".
En
esta perspectiva, las competencias se definen desde tres dimensiones:
"saber hacer" o construir un saber desde la aplicación;
representar un “saber ser” desde la operativización del conocimiento
en las competencias; y su carácter integrador, es decir, las competencias
como expresión de síntesis conocimientos, procedimientos y actitudes. A
la vez, el informe DeSeCo establece tres dimensiones desde las que se
puede identificar y seleccionar una competencia como clave o fundamental:
que contribuya a obtener resultados de alto valor personal y social; que
sean aplicables a un amplio espectro de contextos y ámbitos relevantes;
que sean importantes para todas las personas para superar con éxito las
exigencias complejas.
Finalmente
el proyecto DeSeCo, que buscaba las definiciones más generales para la
estandarización de las conceptuaciones de la OCDE, propuso la definición
general de competencia como la “capacidad de poner en práctica de forma
integrada aquellos conocimientos adquiridos y características de la
personalidad que permiten resolver situaciones diversas. Incluye tanto los
saberes (conocimientos teóricos) como las habilidades (conocimientos prácticos
y aplicativos) y las actitudes (compromisos personales). Va más allá del
"saber" y "saber hacer o aplicar" porque incluye también
el "saber ser o estar”. Sin embargo también se impone la concepción
más holística en que las competencias se entienden como capacidades
generales en los individuos que involucran la acción comunicativa, la
acción técnica y el análisis del contexto para poder establecer una
relación interactiva y simbólica. Se entienden como capacidades
inherentes en la acción humana y aluden a procesos de abstracción que
llevan a la definición de problemas en contextos socio-culturales.
En
relación a las diversas perspectivas sobre el enfoque por competencias
que hemos presentado aquí, debemos reparar en que cada quien puede
recoger y seleccionar los elementos adecuados según su contexto, así
como las definiciones con las que desea consignar su propio quehacer pedagógico.
La importancia de este debate radica en sus implicancias en su aplicación
bajo la renovada inspiración de una educación dimensionada por su
importancia social, dimensión ética y su concordancia con las demandas
de la sociedad actual, la que sanciona con brutalidad entre quienes están
inmersos en ellas o quienes están más allá de sus derroteros, relegándolos
a múltiples expresiones de marginalización, y en última instancia, la
pobreza y la exclusión social.
Esta
apuesta socio-constructivista
de la labor pedagógica no se construye solo por las implicancias de la
obligatoriedad establecida por las políticas públicas, sino por el desafío
que representa para los docentes al transformarse en agentes activos, que
deberán dirimir en el escenario de su ejercicio profesional la sutil
frontera entre una educación para el neoliberalismo o una educación para
la autonomía de las personas y su realización humana, personal y
comunitaria, en el marco de una sociedad agresiva, de alta competitividad,
pragmática y con reducidas cuotas de solidaridad.
VI.
La relación entre el enfoque por competencias y la reforma curricular
chilena
De
acuerdo a lo planteado por trabajos precedentes de otro equipos de
investigación,
el marco curricular expone implícitamente el enfoque de aprendizaje por
competencias al determinar que en el carácter modernizador de los OF y
los CMO radica el deseo de lograr aprendizajes que “contribuyan
positivamente a una variedad de tareas e intereses personales y
nacionales, entre ellos: la formación para una ciudadanía más activa;
la promoción y ejercicio de los derechos humanos y los valores democráticos;
y la obtención de competencias necesarias para facilitar la inserción
de los jóvenes en el mundo laboral”.
En este propósito, la LOCE
en su artículo 2º, establece como finalidades de la educación nacional
“el desarrollo moral, intelectual, artístico, espiritual y físico de
las personas, mediante la transmisión y cultivo de valores, conocimientos
y destrezas enmarcados en nuestra identidad nacional, capacitándolas para
convivir y participar en forma responsable y activa en la comunidad…”
En
esta misma orientación, la LOCE establece las finalidades fundamentales
de la educación chilena definiendo: “… los OF y los CMO deberán
aludir a las capacidades, conductas y
competencias de carácter comprensivo, operativo y valorativo que
el alumno debiera lograr, gradual y progresivamente, para desarrollarse y
formarse, teniendo como marco los fines generales de la educación y los más
particulares de la Enseñanza Básica”,
estableciendo según estas finalidades que los “Objetivos
Fundamentales son las competencias
o capacidades que los alumnos y alumnas deben lograr al finalizar los
distintos niveles de la Educación Básica y Media y que constituyen el
fin que orienta al conjunto de proceso de enseñanza-aprendizaje…”.
Las orientaciones curriculares tienden a especificar su finalidad en el
plano de la naturaleza del aprendizaje al establecer la especificidad de
los OFV al definirlos como “aquellos que se dirigen específicamente al logro
de competencias en determinados dominios del saber y del desarrollo
personal”.
Así, los elementos convergentes del enfoque por competencias vuelven a
enunciarse en la definición de los CMO, toda vez que los “Contenidos Mínimos
Obligatorios son los conocimientos específicos y prácticas para
lograr habilidades y actitudes que los establecimientos deben
obligatoriamente enseñar, cultivar y promover para cumplir los Objetivos
Fundamentales establecidos para cada nivel…”
Las
definiciones en torno a la descripción conceptual del enfoque por
competencia también las encontramos en el rol del subsector de Estudio y
Comprensión de la Sociedad de Enseñanza Básica, establecidas por el
Marco Curricular, que es promover “el aprendizaje por los alumnos de conocimientos,
habilidades y actitudes requeridas para comprender su contexto social
y cultural inmediato, la comunidad global, las comunidades intermedias en
que se agrupan las personas y su papel futuro…”.
Un
aspecto relevante de la propuesta programática son las actividades del
decreto 40, que promueven competencias
que operativizan (utilizan y articulan), integran y movilizan
(aplican) el conocimiento, es decir, promueven una pedagogía
constructivista que lleve a los conocimiento a través de procedimientos
específicos y situaciones problemas, según se expresa en la
propuesta ministerial. Así se establecieron los Objetivos Fundamentales y
de los Contenidos Mínimos Obligatorios para la Enseñanza Media por el
decreto supremo Nº 220, de 1990, estableciendo las bases para un
aprendizaje que, según sus palabras, debe “lograrse en una nueva
forma de trabajo pedagógico, que tiene como centro la actividades de los
alumnos, sus características, y sus conocimientos y experiencias previas.
Centrar el trabajo pedagógico en el aprendizaje más que en la enseñanza
exige, adicionalmente, desarrollar estrategias pedagógicas diferenciadas
y adaptadas a los distintos ritmos y estilos de aprendizaje de los alumnos
y reorientar el trabajo escolar desde su forma actual, predominantemente
lectiva, a otra en que esta práctica, necesaria y eficiente en relación
a contextos y propósitos determinados, sea adecuadamente complementada y
enriquecida con actividades de indagación y de creación por parte de los
alumnos, tanto en forma individual como colaborativamente. A través de estos
procedimientos didácticos se busca lograr el
aprendizaje de competencias de orden superior como las de análisis,
interpretación y síntesis de información procedente de una diversidad
de fuentes…”
Desde
los elementos teóricos-metodológicos del enfoque por competencias, el
proceso pedagógico tiene como objetivo formular y concretar
procedimientos vinculados a contextos específicos (realidades inmediatas
de los alumnos y sus contextos socioculturales) para el aprendizaje y/o
movilización de contenidos conceptuales o declarativos, cuestión que
encierra diferencias fundamentales con el paradigma educativo predominante
en el siglo XX de la enseñanza de contenidos que se enlistaban en
extensos currículum disciplinarios o asignaturista, de acuerdo a su función
concebida como herramienta de reproducción de la información que, en
buena medida, aún domina la práctica pedagógica de Latinoamérica y
chilena.
De
este modo, en la implementación de un currículum inspirado en el
aprendizaje por competencias, que en espíritu posee el país, y que se
basa en los criterios de “actualización, relevancia y pertinencia”,
es fundamental ampliar la plataforma de enseñanza a toda la
institucionalidad cultural que posee el país para lograr su cometido ya
que el contexto escolar se muestra reiteradamente su insuficiencia. La
labor educativa no se debe limitar a las instituciones educativas, ni
mucho menos enclaustrar en el aula, ella debe apropiarse del escenario de
otros servicios culturales, como por ejemplo los museos, bibliotecas,
salas de exhibiciones, etc. ampliando materialmente, y didácticamente la
“dimensión de la experiencia
educativa” a la que apelan los planes de Mineduc. En este sentido,
los Planes y Programas reconocen que el proceso educativo no se reduce al
aula o a los colegios, sino que se extiende a las fronteras del contexto
sociocultural de los estudiantes. Las instancias formales del aprendizaje
se han extendido a contextos informales por lo que el factor de la
pertinencia de los contenidos curriculares tiende a fluctuar en el tiempo
y en el valor del significado social de la información. Un desafío es
poner en permanente construcción al currículum, con el fin de que sea
capaz de responder a la demanda de sentido que le impone, silenciosamente,
la sociedad. Más aún cuando se pretende formar competencias en relación
a la realidad social de los estudiantes.
De
hecho, en la educación basada en competencias, el contrato didáctico con
el estudiante se realiza bajo la intencionalidad de que el sentido del
aprendizaje sea el de realizar, “saber hacer”, en interacción en la
sociedad como marco real en el que las competencias se verifican sistemáticamente
en el desenvolvimiento de los estudiantes en interacción en sus contextos
sociales. Así se alude a un proceso en la formación de competencias, en
que ellas son observables a través de la práctica, al punto de que el
sujeto aprendiente es el que ha construido sus competencias. La educación
por competencias apunta al desarrollo de experiencias prácticas, que se
enlaza a los conocimientos para lograr un propósito. La teoría y la
experiencia práctica se vinculan, utilizando la dimensión teórica para
aplicar el conocimiento. Una primera distancia de esta concepción con el
currículum nacional la observamos en que los Planes y Programas de
Estudio relegan el proceso pedagógico al aula, en tanto que la cultura
del sistema escolar es reticente a trasvasijar esta acción a otros
contextos en que el control y la seguridad no sean plenamente
garantizados. En términos semánticos no nos referimos a lugares
diferentes, sino a contextos culturales diversos.
Con
todo, la actual la labor educativa en el contexto de la reforma curricular
nos abre el camino para el desarrollo del enfoque por competencias, aun
cuando el propio Marco Curricular presenta dicotomías en torno a validez
de los objetivos fundamentales,
y la coherencia entre el desarrollo de competencias, particularmente de
competencias demandas por la sociedad de la información y aquellas
validadas en la sociedad chilena actual. Otras distancias están en el
desafío que recae en los docentes, consistente en la implementación de
estrategias de enseñanzas centradas en el trabajo procedimental y en el
establecimiento (asignación) de la trascendencia del conocimiento a través
de la creación de vínculos significativos entre él y la realidad del
estudiante. De modo que el docente debe propiciar contextos educativos más
amplios que el trabajo del aula, que apelen a la realidad, además de
crear herramientas proactivas a su labor pedagógica tendientes a la
concreción de este objetivo. Muchas veces, los Planes y Programas y las
planificaciones no dan pie a la interpretación programática, la innovación
o el cambio basado en decisiones profesionales ajustadas a la realidad de
los estudiantes, imposibilitando una transformación como la que hemos
descrito.
La
incorporación de otros contextos como escenarios de la labor educativa,
esto es, nuevos escenarios para la mediación didáctica es, sin embargo,
una sugerencia ministerial ya que se estima que “se debe preservar también
que las decisiones y reacomodos que se hagan (al Plan) contemplen el
desarrollo de las habilidades de pensamiento crítico, y el tiempo para
realizar una pedagogía activa, superando la clase expositiva como
recurso privilegiado del sector”.
En base a este postulado, la realidad social, el medio, el contexto
cultural y humano (sensual, perceptual, ideacional) constituye el
escenario de los procesos de aprendizajes. En resumen, en el enfoque por
competencias contenido en el Marco Curricular aparece la contradicción de
reducir estos procesos al aula, escenario materialmente desfavorecido (déficit
en infraestructura didáctica y políticas de desarrollo didáctico) en el
contexto de la educación pública. Urge la transformación de las
instituciones culturales como escenarios para el proceso de aprendizaje,
orientadas en la actualidad a un uso reducido y opcional bajo el
descriptor de “consumo cultural”.
El
concepto de competencia no reside particularmente en el estudio o en el
ejercicio trabajo (praxis), sino en que el estudiante es el que posee y
moviliza sus recursos para llevar a cabo con éxito una actividad. La
definición de competencia como conjuntos integrados por saberes y/o
cualidades está dando paso a una comprensión del concepto basada más en
capacidades movilizadas. El desempeño competente tiene como característica
una compleja mezcla de atributos, las tareas y la capacidad desarrollada
por los estudiantes para poner en marcha todo ese acervo personal que se
transforma en su principal capital humano.
De este modo, las situaciones, los problemas, los contextos culturales
toman especial relevancia para el logro de las competencias,
fundamentalmente el escenario social donde se concretan en acciones
exitosas. Las limitaciones de la cultura escolar y del propio currículum
son evidentes, cuando se traduce por los docentes de modo autoreferente y
segregado del medio social. Se hacen evidentes, entonces, las reticencias
del medio escolar a las exigencias que el propio currículum impone o
propicia para el logro de actividades complejas (algunas actividades genéricas),
así como la consecución de una transversalidad ya difícil de traducir
en una gestión didáctica concreta y efectiva.
VII.
La interpelación a la museografía didáctica
En
la lectura del debate español sobre los primeros visos de museografía
didáctica se pueden detectar tres fuentes a las que se puede atribuir su
origen: a la recapitulación en la historia occidental de la percepciones
de la sociedad de su patrimonio y el inicio del proceso de musealización
de escenarios culturales; la enseñanza de la idea de patrimonio en el
currículum y en la formación inicial de docentes, y en última
instancia, al trasvasije de lenguaje o tecnoléctos propios del
pensamiento pedagógico, específicamente de la didáctica de las Ciencias
Sociales, al quehacer museal sin que esto significara la adopción de
criterios específicos en el tipo de enseñanza que se deseaba promover en
ellos.
La
didáctica museográfica se ha presentado como un escenario
pseudodisciplinario en que se ha verificado un trasvasije de un conjunto
de formulas procedimentales y de desarrollo actitudinal obtenidas de la
didáctica de las Ciencias Sociales y adaptadas a las necesidades
educativas de museos y espacios patrimoniales. Ellas se han mezclado con
las necesidades formativas de la enseñanza patrimonial y la formación de
actitudes para su conservación. Sin embargo, por sí solos no contribuyen
a desarrollar una labor educativa eficaz que promueva, en efecto, procesos
de enseñanza-aprendizaje y que redunden en el desarrollo cognitivo y
actitudinal de su público. El llamado a no excluirse de ser escenarios
para el aprendizaje ha tenido una lenta aceptación producto de la
naturaleza autoreferente de los museos
y de la percepción de sus funciones. Aún estas instituciones no logran
dirimir sus prioridades entre sus funciones tradicionales, jerarquizando
su tarea de conservación patrimonial, sus investigaciones en materias de
conservación y de orden disciplinario, prestadores de servicios en torno
a la conservación de las memorias históricas nacionales, y en última
instancia, su labor de difusión del patrimonio.
En todo caso, la conducción política de los museos no se ha querido dar
cuenta de las distinciones entre divulgación general y educación,
dejando esta labor en manos de las instancias de la educación formal. La
idea del museo como espacio de entretención ha desorientado a sus
funcionarios, y se han quedado sin comprender la relación verdadera y
pedagógica de la acción de aprender cosas útiles para la vida social de
las personas, y principalmente para los niños.
Las
nuevas apuestas de la didáctica museográfica insisten en aspectos
procedimentales y disciplinario formuladas desde la didáctica de las
Ciencias a Sociales,
sin abordar las prioridades educativas nacionales desde los museos y su
propios recursos disciplinarios y profesionales, abandonando la difusión
general por una acción educativa coherente con el marco curricular. El
llamado es a incorporar en las formulaciones museográficas planteamientos
y gestión didáctica acorde a las necesidades de los jóvenes, y en lo
fundamental, contribuir a sus vidas, mediante la entrega de información
pertinente y útil; valedera para la vida social y ciudadana,
culturalmente validada en el sistema social; necesaria para la futura vida
personal y para el mundo del trabajo. Estas formulaciones requieren de
definiciones en torno a cuáles competencias deseamos promover en los
estudiantes. Muchas de ellas se encuentran enunciadas en los Planes y
programas, otras las percibidos intuitivamente ante el individualismo y
las apatías arrolladores que se enquistan en nuestros jóvenes. Los
museos tienen desafíos pedagógicos ante la sociedad; ellos no están
relegados exclusivamente en la educación formal. Es tarea de los museos
indagar cuál es el rumbo a tomar para verificar esta transformación didáctica
en los contenidos y los discursos museográficos.
VIII.
Los desafíos educativos de los museos en el contexto pedagógico actual
De
acuerdo a los elementos teórico-metodológicos y al debate pedagógico
contemporáneo al que hemos hecho referencia aquí, proponemos desafíos
para los museos en los siguientes enunciados:
-
Los museos deben transformarse en espacios de procesos enseñanza-aprendizaje
efectivos, acorde con los planteamientos de la educación formal.
-
Deben asumir las consecuencias culturales, sociales e ideológicas de la
reproducción de los discursos implícitos u explícitos en los contenidos
conceptuales de sus exhibiciones, haciéndose cargo de ellas mediante el
análisis de los alcances epistemológicos de la naturaleza del relato
histórico que reproducen en sus exhibiciones así como replantear
multidisciplinariamente sus discursos formales.
-
Los museos deben apuntar a integrar su quehacer a la educación formal,
transformándose en herramientas que comparten los objetivos fundamentales
de tal formación.
-
El museo debe ser un escenario del aprendizaje, pero a la vez instancias
formativas que promuevan la integración de conocimientos conceptuales,
procedimentales y actitudinales, apelando a la realidad de los
estudiantes. A la vez, colocar al museo como escenario de apropiación de
la historia cultural de la comunidad en la que se vive, así como de
construcción de conocimiento histórico significativo por nuestros niños
y jóvenes.
-
Los contenidos conceptuales de sus exhibiciones deben apuntar a la
procesualidad, y a la multidimensionalidad temporal, vinculado en una
relación de cambio-continuidad, pasado y presente.
-
Todos los contenidos que se formulen en los museos para los efectos de
comunicar, para realizar extensión o divulgación cultural, deben
orientarse de acuerdo algún principio pedagógico, formulados desde
conocimientos fundados pedagógicamente y no guiados solo por la intuición
o lo meramente conceptual, estético o sugestivo.
-
Los museos de historia deben cambiar la orientación de fundar sus
contenidos en discursos historiográficos, determinando de modo autónomo
sus lindes y ajustes, y deben buscar sus referencias en construcciones
historiográficas que den cuenta de la diversidad de miradas, de actores
sociales y de realidades socioculturales. La historia nacional debe abrir
paso a una historia cultural y fundar una ciudadanía cultural y política,
dando cuenta de sus consensos y disensos, pero evitar la recreación
ficticia y artificiosa de la igualdad y de la unidad nacional.
-
Los museos de historia deben evitar discursos historiográficos que
promueven la tendencia autoritaria de la institucionalidad universitaria
que promueve ciertos saberes y/o deslegitimados otros por sus propios
mecanismos.
En este aspecto, aún se promueven esquemas de reproducción del
conocimiento que se gestaron en el contexto de la dictadura militar y que
no tienen referencia con las necesidades de creación y difusión del
conocimiento disciplinar según las demandas o intereses de la sociedad
civil. Cabe mencionar que las instituciones no se hacen democráticas por
que el marco político nacional sea democrático; sus propias prácticas y
su cultura de integración con las redes de la sociedad civil transforman
este quehacer y lo pernean de esta necesaria validación democrática. El
conocimiento gestado desde enclaves institucionales por círculos
autoreferenciados no se condicen con esta necesidad, sin embargo, se
incluyen arbitrariamente como saberes escolares cuando se incorporan u
homologan en los lineamientos programáticos o se interpretan como
contenidos enunciados por el Marco Curricular.
-
Implementar en los museos metodologías de trabajo e instancias museográficas
para la construcción de aprendizajes por el estudiante, en un rol activo
y como centro del proceso.
-
Insertar a los museos en la labor educativa orientada a la formación
competencias relevadas por la sociedad y concordantes con el proyecto país
vigente, teniendo en cuenta el concierto global del que Chile es parte.
Promover conocimientos y competencias en los estudiantes útiles para la
exitosa inserción a la vida social y laboral, todo en el marco de las
exigencias que impone la sociedad de la información (competencias
ciudadanas).
-
Poner a los museos en el sitial de instancias de educación social, en que
el aprendizaje de competencias cívicas es fundamental, así como la
construcción de una identidad cultural y política.
-
Evitar centrarse en la visión de “la
historia por la historia”, sino que entregar los contenidos históricos
en permanente relación con la realidad sociocultural. Enseñar historia
con valores, promoviendo actitudes acorde a las planteadas en los OFT.
-
No perder de vista que los contenidos culturales de los museos deben
corresponder a la lente perceptual de nuestros niños y jóvenes,
fuertemente condicionados por el contexto de la sociedad de la información
o sociedad del aprendizaje. El aprendizaje significativo y empático es la
clave de la comunicación del aprender.
-
Los museos, desde este enfoque, se hacen parte de la educación formal,
haciendo suyas las demandas emergentes y los desafíos de la sociedad, en
torno de la promoción de la igualdad de oportunidades y la equidad en la
educación.
-
Promover el
concepto
de aprendizaje por competencia en la perspectiva del ejercicio de la
pedagogía de la integración, esto es, la convergencia de las dimensiones
educativas conceptual, procedimental y actitudinal, mediatizándolos en el
lenguaje museográfico.
-
Que los museos sean un escenario para la construcción de aprendizajes y
para aprender a aprender, y se
transformen en referentes permanentes de la educación social. Que tal
experiencia contribuya al desarrollo integral de las personas, sobre todo
para su vida adulta.
-
Que los museos pierdan su condición de instancias de visitas esporádicas
en una relación de eventualidad, remplazándola por el estatus de
instituciones de alto valor cultural, que contribuyen al desarrollo
educativo de las personas y promueven el desarrollo de su capital humano.
-
Que los museos de historia no intencionen sus contenidos mediante la omisión
de períodos, como la historia reciente de Chile, ya que promueven el
olvido y contribuyen a la formación de una memoria histórica con lagunas
temporales, silencios y olvidos con intención.
Estas
propuestas son, en consecuencia, un conjunto de decisiones y acciones que
deben modelar las políticas educativas de estas instituciones. Debemos
entender que los museos no son espacios solo para la diversión o el goce
estético. Los museos de historia, particularmente, poseen en sus
exhibiciones la impronta de un discurso que no promueve la idea de una
ciudadanía activa ni la idea de una democracia social en crecimiento y
permanente reflexión. Los museos son escenario para la formación
ciudadana y la identidad cultural. Su rol es
clave en el objetivo de la consecución de una ciudadanía integral que supone
la comprensión de la dimensión histórica de las personas y sus
contextos sociales, de modo que aquel ciudadano pueda “acceder
armoniosamente a sus derechos cívicos, sociales, económicos y
culturales, y que todos ellos conforman un conjunto indivisible y
articulado”.
IX.
La pedagogía de la integración en los museos nacionales
¿Es
posible tamaña transformación?
Las
competencias van más allá de las habilidades o destrezas según se han
planteado en los Planes y Programas del MINEDUC, ya que ser competente
desde las definiciones que hemos revisado implica una acción de convergencia
de los conocimientos, las habilidades, los valores a modo de una síntesis
coherente y coordinada para resolver problemas de la vida. Este es un
desafío pedagógico para los gobiernos, las instituciones educativas y
los docentes. Sin embargo, este enfoque requiere de una adecuación
cultural, en suma, un cambio de mentalidad. Los museos tienen un rol en
esta transformación, y deben asumir sus responsabilidades en el plano de
la labor educativa que realizan.
El
camino que traza esta episteme pedagógica es fascinante y se funda en una
educación activa que le da a los estudiante una situación de
centralidad, de la que históricamente muchas generaciones no gozaron. Lo
que se ha esbozado aquí es un desafío país de proporciones que se
encuentra instalado en nuestras fronteras culturales, ideológicas e
identitarias. El desafío es enorme y se entrecruza con los problemas que
agobian a la sociedad chinela, a saber, la desconcertante concentración
de la riqueza y la diversidad de los rostros de la pobreza, no solo
escondida en los sectores populares sino en la alienación de miles de
personas que no encuentran su adscripción a identidades de clase sino a
niveles de consumo y pertenencia a un mercado.
Los
sistemas educacionales de todo el globo se están ordenando bajo preceptos
que hemos revisado a lo largo de este trabajo. Es de esperar que estas
transformaciones no se omitan en orden a conservar la tranquilidad y la
autocomplacencia de algunos, y de modo decidido nos encaminemos en la
senda del desarrollo de una labor educativa integral que nos lleve a
concretar la ansiada meta de una educación nacional que promueva la
igualdad de oportunidades y la equidad social.
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Profesora de Historia y Geografía, Licenciada en Historia. Departamento
de Investigaciones Pedagógicas, Universidad de Chile
Planteamientos
expresados en Ayala E. y A. Gómez. Saber escolar y didáctica museográfica:
algunas reflexiones y propuestas metodológicas. Revista
de Pedagogía. FIDE. Nº 437. Año LV. Págs. 13-23. Mayo 2005.
Se
ha definido como un nuevo paradigma dentro del pensamiento pedagógico y
ha dado pie al desarrollo de un intenso debate epistémico en torno al
ajuste de las políticas de los sistemas educativos a la sociedad actual.
La vertiente belga de este debate lo ha denominado como la pedagogía de
la integración (Roegiers, 2000), haciendo alusión a la integración de
saberes y saberes hacer por
el estudiante, en una movilización de habilidades (recursos) en situación.
Puede representar una confusión, pero el uso del concepto no alude ni
representa al enfoque de la integración a la educación y, a la sociedad,
de quienes padecen de algún grado de minusvalía.
Milos, Pedro; Luis Osandón y Liliana Bravo. La relación entre marco
curricular y programas: la implementación del currículum del sector de
Historia y Ciencias Sociales en la educación media chilena. Persona
y Sociedad. Págs. 95 – 112. Instituto de Doctrina y Estudios
Sociales ILADES. Universidad Alberto Hurtado.
Entre los días 25 y 26 de agosto de 2005 se realizó el Primer Congreso
de Educación, Museos y Patrimonio, organizado por DIBAM, algunos museos públicos,
el Museo Histórico Militar de Chile y las Universidades Cardenal Silva
Henríquez y Diego Portales, que convocó a educadores, funcionarios de
museos y gestores culturales. El objetivo estratégico de esta iniciativa
era convocar a unas jornadas de reflexión para la formulación de las
bases programáticas y lineamientos de CECA-Chile, un “Comité de
Educación y Acción Cultural” formado en casi todos los países que
integran ICOM, con el fin de coordinar y plantear líneas de acción
referente la trabajo pedagógico en museos escuelas y otros espacios
educativos. Sin embargo, la convocatoria para la reflexión y elaboración
de estos fundamentos, que de pasada le proporcionaban legitimidad para su
conformación y adscripción a la ICOM, era más amplia que su membresía,
ya que esta debía formalizarse mediante una inscripción de socio
institucional o como persona natural a ICOM Internacional mediante el pago
anual de la suma poco modesta de dinero por transferencia bancaria a
Europa. Detalle que, de pasada, dejaba afuera a muchos de quienes
participaron en las jornadas donde se formularon sus lineamientos que le
proporcionaron la legitimidad a su marco de discusión. Aunque los
entusiastas organizadores no repararon en esta paradoja, tal proceso de
conformación de suyo es cuestionable y no se condice con procedimientos
democráticos propios de la organicidad de una sociedad civil sana y en
proceso de construcción de una democracia social verdadera. “Pagar para
participar” o “pagar para opinar” es una de las premisas más
detestables que surgen en una sociedad que confunde la ampliación democrática
con el mercado, más aun cuando se valen de la reflexión y la discusión
abierta y democrática.
Cuenca et. al. 1999, 2003; Hernández,
1998; Fernández, 1998. Ver bibliografía adjunta.
Consideremos los debates que han surgido en torno a Morin, Edgar. 1999. Los
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Ayala, E. y A. Gómez op. cit.
La definición se fundamenta en los aportes de Vigostky (1984), Piaget
(1967) y Bruner (1966), no obstante su dimensión “socio” proviene de
su referencia permanente en y hacia el presente, y su carácter
interactivo fundado en situaciones como objetos de aprendizaje. Para
autores como Lasnier, 2000, la apuesta socioconstructivista (perspectiva
francófona de la definición de competencias, principalmente belga) es
diferente al enfoque por competencias, ya que este se presentaría como
una síntesis metodológica entre constructivismo y cognitivismo.
Una
referencia experimental socioconstructivista la encontramos en Legendre,
Marie-Françoise. 2001. Cognitivisme
et socioconstructivisme: des fondements théoriques à leur utilisation
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de la educación. Oikos-Tau. Los autores fundamentan una nueva relación
pedagógica centrada en los estudiantes basada en un “contrato didáctico”,
concepción renovada en educación al punto que representa una nueva
relación paradigmática en que se rompe la educación basada en la
transmisión del conocimiento, imponiendo una educación basada en las
necesidades del estudiante como actor de su propio aprendizaje.
Leonard Mertens utiliza el término competencias en el contexto laboral y
la educación para el trabajo desde 1975, sin embargo, formaliza su uso
como asesor de la OIT. Destacan sus publicaciones: Mertens, Leonard. 1998.
La gestión por competencia laboral en la empresa y la formación
profesional. Madrid. OEI-IBERFOP y Mertens, L. 1998. La transferibilidad
de las nuevas competencias en empresas innovadoras. OIT/Conocer. México.
Chomsky, Noan. 1971. Lenguaje y
entendimiento. Barcelona. Sex Barral. Fundamentalmente su conceptuación
de la “competencia lingüística”
como una habilidad inherente a la naturaleza humana.
Gary Becker. 1977 Capital Humano.
Fondo de Cultura Económica. Destaca la este autor
por su definición de capital humano como uno de los elementos más
valiosos que poseen las empresas, fundado en las habilidades y destrezas
(y la capacidad de aprender) de sus empleados para el desempeño de sus
funciones, elemento esencial que se instala como un factor de producción
transable en el mercado. Su libro Human
Capital fue publicado originalmente en 1964, representado una
perspectiva innovadora que nutrió el contexto de la teoría económica
neoliberal.
Memorándum sobre el aprendizaje
permanente. Documento de trabajo de los servicios de la comisión.
Comisión de las Comunidades Europeas. Bruselas. 2000.
“En un mundo en que el conocimiento factual existente se crea,
distribuye y se puede acceder a él de forma rápida, la necesidad de que
las personas lo memoricen es cada vez menor. En su lugar, necesitan los
instrumentos apropiados para seleccionar, procesar y aplicar el
conocimiento requerido con el fin de hacer frente a los modelos cambiantes
de empleo, ocio y familia”.
(Comisión
Europea, 2002)
Organisation for Economic Co-operation and Development. OECD.
Programme for International Student Assessment.
PISA.
Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes. PISA.
Definition and Selection of Competencies: Theoretical and Conceptual
Fundations (DeSeCo), iniciado en 1997 como parte del proyecto INES (Education
Indicators program) de la OCDE.
“The project acknowledged diversity in values and priorities across
countries and cultures, yet also identified universal challenges of the
global economy and culture, as well as common values that inform the
selection of the most important competencies”. The
definition and selection of key competencies.
Executive Summary. DeSeCo Project. www.oecd.org/edu/statistics/deseco.
2004.
Queda
en evidencia la gravedad del analfabetismo digital, así como en los próximos
años pueden generarse nuevas expresiones de analfabetismo por el
desarrollo vertiginoso de herramientas tecnológicas y la evolución de
las TIC.
Milos,
Pedro; Luís Osandón y Liliana Bravo. (2003) La relación entre marco
curricular y programas: la implementación del currículum del sector de
Historia y Ciencias Sociales en la educación media chilena. Persona
y Sociedad. Págs. 95 – 112. Instituto de Doctrina y Estudios
Sociales ILADES.
Universidad
Alberto Hurtado.
Roegiers, Xavier. 2000. Une pédagogie
de l’intégration. Compétences et intégration des acquis dans l’enseignement.
Bruxelles. De Boeck Université.
Noguera, Joana.
2004. Las competencias básicas.
Universitat Rovira i Virgili. Tarragona, Septiembre. www.fundacionsantillana.org/19/noguera.htm
Transición del mercado de trabajo que deja atrás la definición de
capital humano desde la visión fondista, como aquella expresión de la
inversión realizada en las personas con el fin de incrementar la
productividad del trabajo, hacia la idea de inversión social y desarrollo
humano que se expresan en la calidad de vida, nivel de educación y el
desarrollo integral de las personas en sociedad La sociedad de la
información contextualiza un cambio en el mercado del trabajo en que
predominan los cambios de funciones y roles, donde surgen lapsos de cesantía
y es necesaria la adaptabilidad a nuevos y cambiantes contextos; panorama
que redunda en trabajadores y/o profesionales que promueven su propia
potenciación mediante la formación permanente y su consecuente
valorización en el mercado.
Inicialmente inspirados en la vertiente anglófona del debate de este
enfoque y la formulación de las core
competencies. Las competencias transversales comenzaron a tener
relevancia en el mundo laboral en torno a la gestión de recursos, gestión
de información y manejo de sistemas técnico-informáticos, transformándose
en necesarias y demandadas en el contexto laboral, por lo que fueron
recogidas y sistematizadas en el The
Secretary´s Commision on Achieving Necessary Skills. SCANS. U.S.
Department of Labor. Washington DC. 1992.
Un
ejemplo de los planteamientos basados en este enfoque lo podemos encontrar
en Reach of your dreams.
Québec
Education Program. Secundary School, Cycle One.
Québec. 2004.
Perrenoud, Philippe. 1999.
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Perrenoud, Philippe. 1999.
Construir competencias desde la escuela.
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Dolmen.
Perrenoud, op. cit. Pág. 11
Perrenoud, op. cit. Pág 34.
Perrenoud op. cit. Pág. 41.
Lasnier,
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Lasnier (2000) op. cit. Cap. 6. Págs. 158-184.
Lasnier (2000) op. cit. Pág. 291.
Xavier Roegiers. 2000. Une pédagogie
de l´integration. Compétences et intégration des acquis dans l´enseignement.
DeBoeck Université. Bruxelles. Pág. 66.
Hay que considerar el concepto de integración como «une opération par
laquelle on rend interdépendants différents éléments qui étaient
dissociés au départ en vue de la faire fonctionner d´une manière
articulée en fonction d´un but donné» .Roegiers op. cit. Pág. 22.
Roegiers (2000). Op. cit. Pág. 63.
Roegiers, Xavier. 1999. Savoirs, capacités et compétences à l’école:
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Xavier Roegiers. 2000. Une pédagogie
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decreto supremo 40 de 1996, y en la Ley Orgánica Constitucional de
Enseñanza (LOCE), y las consideraciones incorporadas por el decreto 240
de junio de 1999, junto a las determinación del marco general conceptual
y procedimental para la Educación Básica (NB3, NB4, NB5 y NB6).
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