Materiales para exposición:
el bueno, el malo y el feo
Jean Tétreault
Canadian Conservation Institute
Ottawa, Canada
Artículo publicado por la Scottish
Society for Conservation and Restoration (SSCR). "Exhibition and
Conservation" Preprint, Edinburgo, ISBN 0950-8068-70, pp. 79-87
Resumen
El propósito de este trabajo es establecer
una propuesta para la utilización de materiales para exposición con el
objeto de minimizar el riesgo de deterioro que se puede producir en los
objetos. Este enfoque preventivo se basa en la comprensión de la
naturaleza de los objetos y los materiales, y su posible interacción en
un mismo medioambiente. Una selección apropiada de los materiales y un
control adecuado de sus compuestos nocivos son las claves para alcanzar
la compatibilidad entre los materiales y los objetos durante el tiempo
de la exposición.
Introducción
Es importante darse cuenta que algunos de los
materiales empleados en la construcción de exposiciones y en la
fabricación de vitrinas y soportes son fuentes de daños potenciales para
los objetos en museos. El daño se puede producir por emisiones de
sustancias volátiles o por migraciones de alguno de los componentes de
los materiales. Una evidencia visual típica de estas reacciones son:
formación de depósitos (corrosión en metales o eflorescencias en conchas),
decoloración (manchas en papel, decoloración de textiles), pegajosidad (plastificantes
en fotografías) o polvo (degradación de la espuma de poliuretano).
También se deben tener en cuenta las de origen físico: una mala
distribución del peso puede causar deformaciones y agrietamientos, y
unos materiales que son duros o abrasivos pueden dejar marcas en la
superficie del objeto cuando se producen choques o vibraciones. En este
trabajo me voy a centrar, fundamentalmente, en los aspectos químicos de
los materiales.
El bueno, el malo ...
Se han publicado listas de materiales "seguros
o estables" que los diseñadores de exposiciones y resto del personal de
los museos pueden consultar a la hora de construir vitrinas o soportes1-5.
Ejemplos de estos productos son: el polietileno, el Mylar o Melinex, el
papel de pH neutro, etc. Asimismo, exiten listas de materiales no
recomendables, tales como, la goma vulcanizada, el cloruro de polivinilo,
las pinturas con base de aceite y los cartones ácidos. Al clasificar los
materiales en uno de estos dos grupos extremos impedimos el uso de
algunos materiales de estabilidad desconocida que sin embargo poseen
características útiles; consecuentemente, estos materiales se soslayan
en en el empleo en exposiciones.
y el feo ...
Para evitar estas clasificaciones extremas,
se debe considerar una zona gris o "fea". A este respecto cabe señalar
que si bien no es necesario utilizar siempre los materiales más estables,
si es imprescindible prevenir el daño que se puede producir en un objeto,
por ello se deben emplear materiales compatibles.
Según esto, estamos definiendo la
compatibilidad como la capacidad de los materiales utilizados en la
exposición y de los objetos para coexistir en un mismo medioambiente sin
que se produzca ningun daño. Por lo tanto, se pueden considerar
"compatibles" a materiales con alguna propiedad indeseable en tanto se
tomen las medidas para asegurarse de que el objeto no va a sufrir ningun
daño.
Aunque en la mayoría de las ocasiones estamos
preocupados por los materiales que pueden resultar dañinos para los
objetos, ciertas preocupaciones sobre compatibilidad pueden estar
también justificadas en algunos casos donde el objeto puede dañar a los
materiales utilizados en exposición o en almacén. Por ejemplo, en
colecciones de historia natural, los fluidos de preservación pueden
dañar a las etiquetas, y consecuentemente, los datos sobre el nombre de
los especímenes, su origen y cualquier otra información puede perderse.
Sin embargo, esta situación es claramente una excepción; en la mayoría
de los casos, si un objeto causa algún tipo de daño al material (e.j.
papel no ácido que se convierte en ácido con el tiempo por su contacto
con el objeto), este material se puede reemplazar.
Para determinar la compatibilidad entre un
material y un objeto, se debe conocer la naturaleza de ambos, y después
de ésto analizar su entorno medioambiental. El entorno medioambiental se
define como el espacio y el microclima donde se encuentran el material y
el objeto, esto es información sobre si están o no en contacto, qué tipo
de emisiones de sustancias volátiles están presentes, el volumen del
espacio expositivo (galería, vitrina), la velocidad de intercambio del
aire, la temperatura, la humedad relativa y el tiempo de contacto. La
clave para evitar problemas entre materiales y objetos es la de
considerar todos los parámetros y hacer las correcciones necesarias para
asegurar su compatibilidad. De esta manera, se podría ampliar la lista
de materiales que pueden ponerse en contacto con los objetos expuestos
en museos.
Este enfoque que engloba la interacción entre
el objeto, el material y su contexto, no se limita únicamente a
materiales para exposición sino que es también válido para los
materiales utilizados para el almacén y el embalaje.
La naturaleza de las cosas
La naturaleza del objeto es el primer factor
a considerar, así debe determinarse la composición, condición y
sensibilidad química y física del objeto. ¿De qué está hecho? ¿necesita
un soporte especial? ¿se araña fácilmente? ¿con qué productos químicos o
gases va a reaccionar?. Un conservador debe estar en condiciones de
proporcionar respuestas a estas preguntas.
Una información similar se debe recopilar
sobre los materiales a emplear para exposición: ¿cual es su composición,
condición y estabilidad?, ¿qué productos de degradación y compuestos
volátiles van a liberar y en que concentración? Compuestos tales como
ácidos, formaldehídos, cloro, azufre, peróxidos, lignina y
plastificantes u otros aditivos en plásticos deben ser analizados.
En la evaluación de la estabilidad del
material el primer paso a dar es hacer una revisión de la información
disponible, empezando por los compuestos listados en la etiqueta o en
las hojas de datos de seguridad en el empleo de los materiales
suministrados por el fabricante. Esta información puede ser insuficiente
para identificar todos los compuestos de interés, pero proporciona un
punto de partida. Un problema a tener en cuenta es que compuestos
indeseables se pueden formar durante el uso del producto o material y
éstos no aparecen como compuestos constitutivos; en ese caso se puede
consultar a un científico o conservador. Si es necesario, el personal
del museo o los conservadores pueden hacer análisis puntuales para
identificar los compuestos nocivos específicos3,6-9.
Después de que se han identificado la
naturaleza del objeto y la del material, deben ser también identificados
todos los peligros potenciales poniendo, a su vez, en acción diversos
métodos de control. En cualquier caso hay que utilizar métodos activos
tales como evitar el uso de materiales inestables, o bloquearlos
aplicando capas o barreras protectoras, aunque algunas veces, los
métodos de control pueden ser pasivos: factores ambientales tales como
la humedad relativa y la velocidad de intercambio de aire en una
vitrina.
Migración de las sustancias que
componen el material
El contacto entre el objeto y algunos de los
materiales no se puede evitar - el objeto casi siempre está colocado
sobre una base o suspendido de algun cable o cuerda-. Existe la
posibilidad de que algunos componentes del material migren al objeto una
vez que se haya producido un contacto directo. Por ejemplo, cuando una
goma vulcanizada está en contacto con papel durante varios meses, el
plastificante se puede transferir al papel, esta migración puede
penetrar a través de varias hojas. La migración de productos es
particularmente común en plásticos con un porcentaje alto de
plastificantes tales como el cloruro de polivinilo del tipo flexible.
Por otro lado, la corrosión galvánica (migración de iones) puede ocurrir
también cuando dos metales diferentes entran en contacto.
Control del daño por migración ocurrido
por contacto
El contacto entre un objeto y un material
sólo se debe permitir si no existen componentes o productos de
degradación (formados con el tiempo) que puedan ser transferidos al
objeto a través de su contacto. Desafortunadamente esto no siempre es
posible, por ejemplo, la madera es el material más común utilizado en la
construcción de vitrinas. La madera no se considera un material inerte
porque libera ácidos orgánicos mediante hidrólisis, a lo que se añade el
formaldehído que desprenden los adhesivos utilizados en algunos
productos de madera.
Control mediante bloqueo
Si existe la posibilidad de que compuestos
dañinos se transfieran por contacto, debe utilizarse para evitarlo una
barrera impermeable. Las propiedades de un buen material aislante
incluyen: alta estabilidad (que no exista degradación y por lo tanto que
sea inerte) y alta impermeabilidad en relación con los productos de
interés. La velocidad de penetración en un material depende
principalmente, de la naturaleza de la sustancia que penetra y la
naturaleza y estructura del material de la barrera.
Las películas de polietileno se utilizan
frecuentemente como una barrera para el aislamiento, tienen una
permeabilidad bastante alta al agua, aunque son más efectivas contra
otros compuestos tales como oxígeno y dióxido de carbono10.
Sin embargo, las películas de polietileno, como otras películas de
plástico, sólo reducen la velocidad de transmisión de los compuestos,
esto significa que cuando se utiliza como barrera se necesita más tiempo
para alcanzar la misma cantidad de compuestos dañinos que se transfieren
desde los distintos materiales cuando no existe bloqueo, y en muchos
casos la velocidad de transmisión es muy baja.
Emisiones de sustancias volátiles
procedentes de los materiales para exposición
Las fuentes principales de contaminantes
dentro de los edificios, son las procedentes de la combustión, las
actividades humanas y los materiales utilizados para exposición. En lo
referente a los materiales para exposición, existe una compleja y gran
variedad de compuestos químicos que pueden emitir. Los más importantes
que se sabe que pueden a reaccionar con ciertos objetos son los
compuestos de azufre, vapores ácidos (orgánicos e inorgánicos), vapores
alcalinos (amoniaco), aldehídos (principalmente folmaldehído y
acetaldehído) y peróxidos. Desafortunadamente, existen muy pocos datos
cuantitativos sobre el efecto de las sustacias volátiles sobre los
objetos expuestos en los museos.
La mayoría de los materiales orgánicos
liberan compuestos volátiles en concentraciones y velocidades diferentes
dependiendo del proceso de emisión que se esté produciendo, pudiéndose
dividir de forma simplificada en dos categorías.
Materiales de alta emisión
Las pinturas, los adhesivos y los productos
de limpieza recién utilizados o aplicados liberan una gran cantidad de
compuestos volátiles, cantidad que decrece exponencialmente con el paso
del tiempo. Algunos compuestos no son necesariamente peligrosos (e.j. el
agua que se libera de las pinturas del tipo emulsión) mientras que otros
son extremadamente corrosivos (e.j. ácido fórmico liberado por pinturas
alquídicas). Entre estos dos ejemplos extremos existe una relación
extensa de sustancias con un potencial desconocido para producir
deterioro en los objetos. Dependiendo de la naturaleza del material,
pueden pasar unos pocos días (e.j. adhesivos acrílicos) o unos pocos
meses (e.j. pinturas alquídicas) antes de que las emisiones alcancen un
nivel aceptable.
La formación de compuestos volátiles mediante
reacciones químicas puede iniciarse con una velocidad de emisión muy
alta. Algunos de los compuestos liberados son simplemente agua o dióxido
de carbono, pero otros son muy corrosivos, tales como el ácido acético
emitido por ciertos tipos de siliconas utilizadas para sellar juntas.
Algunas pinturas epoxídicas o adhesivos, espumas de poliuretano y
algunas pinturas de poliuretano entran también en esta categoría. Su
velocidad de emisión y capacidad de producir deterioros es similar a los
materiales que liberan disolventes.
Debido a las razones arriba citadas, es
importante esperar un periodo de tiempo adecuado antes de colocar los
objetos en el mismo espacio que van a compartir con los materiales de
alta emisión.
Materiales de baja emisión
La degradación de los materiales orgánicos
por el oxígeno, el agua y la radiación ultravioleta o ciertos
contaminantes es muy lenta. Durante este proceso, se forman productos de
degradación que van a cambiar gradualmente las características del
material, así se pueden observar procesos de degradación tales como
decoloración, pérdida de firmeza, acidificación, conversión a
estructuras reticulares (con enlaces transversales), migración y emisión
de niveles bajos de compuestos volátiles. Ciertos compuestos ácidos se
liberan de la madera: cloruro de polivinilo y acetato de polivinilo; y
compuestos de azufre se pueden asimismo desprender de la lana. Algunos
de estos compuestos son peligrosos para los objetos incluso en
concentraciones bajas.
Los compuestos volátiles liberados por
desorción forman también parte de esta categoría. Muchos materiales
tienen la capacidad de absorber vapores o compuestos volátiles de
diferente naturaleza. Un material absorbe compuestos volátiles hasta que
alcanza un equilibrio con el medioambiente, si la concentración de estos
compuestos decrece (e.j. la fuente original se elimina) o si la
temperatura de la sala aumenta, el material va a absorber o liberar
compuestos volátiles hasta que se alcance un nuevo equilibrio. La
cantidad de estos compuestos es probablemente imperceptible si la
superficie del material es pequeña comparada con el volumen del espacio.
Se debe determinar si existe un nivel alto o
bajo de compuestos volátiles liberados por los materiales para
exposiciones con el propósito de mejorar su control, ya que éstos tienen
una forma propia de acción y unas limitaciones.
Control del daño causado por sustancias volátiles
Es preferible evitar toda fuente de
contaminantes dentro del museo utilizando para ello materiales estables.
Sin embargo, si nos encontramos con compuestos peligrosos en el mismo
entorno medioambiental que los objetos sensibles, se debe tomar en
consideración ciertas precauciones para evitar acumulaciones y minimizar
el efecto de los compuestos presentes. Existen seis niveles para
controlar el nivel o el efecto de compuestos volátiles liberados por los
materiales que se van a describir aquí. Para obtener mejores resultados,
va a ser necesario, en muchas ocasiones, el uso de más de un método.
Aunque no es posible eliminar completamente
los compuestos volátiles, si se puede eliminar el daño causado a los
objetos manteniendo la concentración lo más baja posible.
1.- Control mediante bloqueo
Para detener, o al menos reducir, las
emisiones de compuestos volátiles se deben aplicar a las superficies de
los materiales utlizados en exposiciones, barreras impermeables a los
vapores nocivos. Esta situación es similar a la utilización de una
barrera para controlar las migraciones por contacto. La aplicación de
una capa de pintura sobre la madera se ha utilizado tradicionalmente
para bloquear las emisiones de ácidos. Sin embargo, la pintura no es una
barrera totalmente efectiva (puede reducir las emisiones de un 60% a un
80%), y en algunos casos la pintura misma puede ser fuente de sustancias
dañinas, especialmente cuando está recién aplicada.
Una de las mejores barreras es un producto de
plástico laminado aluminizado (polietileno/ hoja de aluminio/ nylon o
polipropileno) comercializado bajo el nombre de Marvelseal o
Marvelguard. Esta barrera se aplica a la superficie del material con una
plancha caliente. La capa de polietileno se derrite y actúa como
adhesivo. Este producto es una barrera excelente si se aplica
correctamente y con cuidado.
Otra forma de bloquear los efectos de los
productos volátiles es aplicar una capa protectora directamente al
objeto, por ejemplo, aplicación de cera o laca a los objetos de plata11.
2.- Control por dilución
Un modo interesante de controlar el nivel de
contaminantes consiste en modificar los parámetros físicos relacionados
con el espacio circundante, tales como, el volumen de aire, la
superficie del material y la velocidad de intercambio de volumen de
aire. Asumiendo una emisión relativamente constante procedente del
material en un periodo de tiempo limitado (sin tener en cuenta la
absorción), la concentración de compuestos puede expresarse utilizando
un modelo simple:
C= EA/VN
C = Concentración del contaminante en la vitrina
o sala (mg/m3)
E = Velocidad de emisión (mg/m2h)
A = Area de superficie del material (m2)
V = Volumen de la vitrina o sala (m3)
N = Velocidad de intercambio de volumen de aire en la vitrina o sala (h-1)
Una galería grande con un buen sistema de ventilación y con puertas de
acceso abiertas tiene una velocidad de intercambio de aire muy alta si la
comparamos con una vitrina hermética. Los compuestos que están presentes en
una sala de exposición se dispersan rápidamente con lo que es posible
reducir su concentración a niveles que son inocuos a las obras de arte. Por
el contrario, se debe prestar atención especial a las vitrinas, ya que son
espacios cerrados y tienen una velocidad baja de intercambio de aire.
3.- Control utilizando materiales
absorbentes
Estos materiales se pueden utilizar para
controlar los problemas de emisiones dañinas procedentes de los
materiales utilizados en exposiciones. Pueden reducir el nivel de
compuestos volátiles mediante dos mecanismos posibles: pueden absorber
una gran variedad de compuestos volátiles (e.j. carbón activado o
materiales fibrosos) o pueden reaccionar con algunos compuestos (e.j.
pergamanato de potasio o partículas muy pequeñas de plata impregnadas en
tela - Pacific Silvercloth). Estos productos son muy efectivos cuando
envuelven al objeto, como sucede con los objetos en almacén. Los
resultados son menos satisfactorios, sin embargo, cuando el objeto se
encuentra en exposición y no puede ser envuelto. Por último, hay que
tener en cuenta que un material absorbente va a ser solamente efectivo
si cubre un área grande en un volumen relativamente pequeño, ya que
existe una competición entre el material absorbente y el objeto para
absorber y reaccionar con los compuestos volátiles.
Los materiales absorbentes tienen una vida
limitada: el carbón activado debe ser regenerado periódicamente para
evitar la saturación de su capacidad de absorción y los materiales
absorbentes que reaccionan químicamente deben ser reemplazados cuando no
exista ya suficiente superficie activa. La vida del material absorbente
puede ser óptima si la velocidad de intercambio de volumen de aire es
baja, y si la concentración del compuesto y su velocidad de emisión es
también muy baja (e.j. fuentes de compuestos volátiles procedentes de
los procesos de degradación o de materiales con una baja emisión
producida en un periodo limitado de tiempo).
4.- Control por reducción mediante la
utilización de otros productos reactivos o catalizadores
Frecuentemente un proceso de deterioro
involucra a otros compuestos que no son los compuestos volátiles ni el
objeto. Estos compuestos pueden ser sustancias reactivas que son
consumidas durante el proceso químico o pueden ser catalizadores que
aceleran el proceso. Los reactivos y catalizadores más comunes son el
vapor de agua y el oxígeno.
Una humedad relativa baja puede disminuir la
velocidad de los procesos de degradación de objetos y materiales. Por
ejemplo, la corrosión de la plata es afectada fuertemente por la
presencia de agua; la velocidad de este proceso se reduce con más
efectividad bajando la humedad relativa que disminuyendo la
concentración de sulfuro de hidrógeno12. En una vitrina el
control de la humedad relativa es relativamente simple y se puede
conseguir mediante métodos de bajo coste (gel de sílice o pequeños
humidificadores/deshumidificadores).
Solamente unas pocas reacciones de
degradación pueden tener lugar con niveles bajos de oxígeno, aun a pesar
de existir concentraciones elevadas de compuestos volátiles. La
concentración de oxígeno se puede reducir utilizando una vitrina
herméticamente cerrada en la que se ha introducido un gas inerte (con
atmósferas positivas13,14
o presión negativa15) o utilizando compuestos que absorban el
oxígeno tales como los compuestos de hierro (e.j. Ageless15)
en un sistema cerrado. Aunque el control de los niveles de oxígeno es un
método viable para el control de contaminantes es difícil de conseguir
técnicamente.
5.- Control por reducción de la
temperatura
Las reacciones químicas ocurren más despacio
o se paran completamente cuando se baja la temperatura. Estudios sobre
el deterioro del papel ácido han demostrado que la velocidad de las
reacciones de deterioro se reducen a la mitad por cada caida de
temperatura de 5C16. El efecto de la temperatura también
modifica la velocidad de emisión de compuestos volátiles tales como el
formaldehído. Un aumento en la temperatura dará lugar a un incremento en
la velocidad de difusión de compuestos volátiles procedentes del
material y en la velocidad de hidrólisis17.
Desafortunadamente, la temperatura en las áreas de exposición se dicta
generalmente por el bienestar humano y aunque se han fabricado vitrinas
refrigeradas18, éstas están fuera del presupuesto de la
mayoría de las exposiciones.
Debe evitarse la temperatura elevada dentro
de vitrinas asegurándose que las fuentes de luz se localizan fuera ésta,
y controlando los niveles de iluminación.
6.- Control por tiempo
El tiempo de exposición necesario para que
los compuestos volátiles o los productos que se transfieren desde el
material reaccionen con el objeto y le dañe depende principalmente de la
concentración de productos reactivos. Unos pocos días pueden ser
suficientes para dañar algunos objetos si existe un nivel alto de un
contaminante; el paso de muchos meses o años va a ser necesario para
producir el mismo efecto con una concentración baja de este
contaminante.
El factor tiempo es particularmente
importante con materiales que emiten grandes cantidades de compuestos
volátiles, especialmente cuando se utilizan en sistemas de exposición
pequeños y cerrados tales como vitrinas. Para que se consiga una
compatibilidad completa se debe dejar un tiempo entre la aplicación de
materiales de alta emisión y la instalación de obras de arte en la sala
o vitrina.
Otro aspecto relacionado con el tiempo, es
que todos los materiales tienen su propia "duración de vida"; un
material no es compatible con el objeto para siempre. Muchos materiales
van a durar décadas o centurias, sin embargo, algunos materiales útiles
como la espuma de poliuretano pierden progresivamente sus propiedades
físicas y químicas iniciales (se amarillean, pierden sus propiedades de
almohadillado y se convierten en quebradizas) en un periodo de pocos
años siendo potencialmente dañinas para los objetos que se encuentran en
su proximidad. A pesar de su inestabilidad, la espuma de poliuretano se
puede necesitar para el embalaje en determinadas circunstancias, tales
como el transporte de objetos muy frágiles; en este caso esta espuma
puede utilizarse durante un periodo corto de tiempo sin estar en
contacto con el objeto. Para aplicaciones en exposiciones o en almacén
la espuma de poliuretano puede causar problemas (sin estar
necesariamente en contacto con el objeto) si se utiliza durante periodos
largos de tiempo o si se utiliza cuando está ya degradada.
Antes de la instalación de los
objetos en exposición
Es importante ser cautos y utilizar el buen
juicio a la hora de selecionar y utilizar materiales para la exposición.
Esta tarea especializada se debe incorporar en el proceso de gestión y
organización de exposiciones y debe ser compatible con otros elementos
de decisión.
Durante la planificación de la exposición se
deben especificar la elección de los materiales y el tiempo de espera
necesario (e.j. después de pintar). Idealmente, los materiales
seleccionados no deben causar ningun daño potencial a los objetos, pero
como en muchas actividades de los museos, la mejor solución no siempre
es posible, hay que buscar un compromiso como alternativa realista. Un
compromiso que sea aceptable siempre y cuando se tenga en cuenta la
compatibilidad entre los materiales y los objetos. Una vez que se han
determinado los peligros potenciales derivados del uso de los materiales
elegidos, hay que asegurarse entonces que los materiales van a resultar
inocuos para los objetos o que pueden ser controlados.
Cuando se adquiere algun material su
naturaleza química debe ser identificada. Si es necesario se pueden
hacer análisis simples en el propio museo para determinar si un material
particular posee alguna amenaza para el objeto. Asimismo debe hacerse
una evaluación del área de exposición antes de que se instalen los
objetos. La presencia de compuestos volátiles puede detectarse por la
presencia de olores (de pinturas, adhesivos o nuevos materiales), e
incluso se pueden cuantificar con instrumentos especiales (e.j. tubos
Draeger)19. Dosímetros pasivos de contaminantes selectivos
tales como las pequeñas piezas de plomo y plata colocadas dentro de
vitrinas pueden ser útiles para el control a largo plazo de compuestos
específicos.
Después de la instalación de objetos
en exposición
Se debe llevar a cabo una evaluación al
principio de la exposición y después periódicamente para verificar la
presencia de signos de deterioro en los objetos. Es más fácil detectar
pequeños signos de daño utilizando dosímetros para contaminantes, tales
como pequeñas piezas de metal que reaccionan con los contaminantes
gaseosos, que tratar de observar cambios profundos producidos en los
objetos con el paso del tiempo. Sin embargo, hay que recordar que pueden
ser distintos agentes los responsables del daño observado. Si se observa
un daño real o un daño potencial producido por los materiales utilizados
en la exposición, se debe reconsiderar la elección de éstos o de los
métodos de control. Si la situación no puede ser corregida
inmediatamente los objetos deben ser sacados de ese medioambiente
dañino. Los objetos que hayan sufrido algun tipo de daño pueden
necesitar tratamiento inmediato para evitar que el daño se extienda. Se
debe consultar a un conservador para establecer la gravedad del
deterioro y para determinar el tipo de tratamiento que se necesita.
Conclusión
Una exposición debe respetar la integridad
del objeto, a la vez que asegura su protección. El personal del museo,
los diseñadores y los conservadores deben ser conscientes de las
propiedades de los distintos materiales a la hora se elegirlos y
proceder a su uso, ya que es sabido que ciertos materiales contienen
contaminantes nocivos. A pesar de que no todos los materiales se pueden
utilizar de manera segura en contacto con los objetos, es posible
establecer varios tipos de control que eviten o minimicen su potencial
dañino, en este sentido la mayoría de los materiales pueden considerarse
como "feos". Mediante la evaluación de las distintas alternativas, caso
por caso, y mediante la adopción de las decisiones correctas, es posible
tomar las medidas necesarias para conseguir la compatibilidad entre
materiales y objetos y dar la libertad suficiente al personal del museo
para producir una exposición estéticamente agradable.
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por Isabel García Fernández)
Jean Tétreault
Científico de la Conservación
Environmental and Deterioration Research
Canadian Conservation Institute, 1030 Innes Rd, Ottawa, Ontario, K1A 0M5,
Canada
Web: http://www.cci-icc.gc.ca/
E-mail: Jean_Tetreault@pch.gc.ca
Jean Tétreault graduated in 1989 from the
Universite de Montreal with a MSc in analytical chemistry. In the same
year, he joined the staff of the Preventive Conservation Services
Section, Canadian Conservation Institute, where he is working with the
control of outdoor and indoor pollutants and their effects on artefacts.
He had given many seminars on preventive conservation, and on display
and storage materials, in Canada and Europe.
M. Tétreault was President of the Canadian Association for Conservation of
Cultural Property for the period 1995-1997.
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